Silvia Ortiz: «Saldremos de esta y volveremos a bailar en Neoclasic Danza».

Neoclasic Danza es una pequeña escuela de danza del barrio del Carmel que durante sus casi treinta años de existencia jamás había tenido que cerrar sus puestas más allá del día de final de curso. Sin embargo, el Coronavirus ha precitado los acontecimientos y, Silvia Ortiz, su directora, se enfrenta a uno de los retos más difíciles de su carrera profesional: mantener la escuela, conservar a los alumnos, pero, sobre todo, recuperar la ilusión para volver a bailar.

 

¿Cómo recibió la noticia que obligaba a cerrar las escuelas de todo el País?
El cierre de la escuela lo decidí yo de manera preventiva el jueves día 12 de marzo por la mañana. Justo un día antes de que se conociera la noticia del cierre de colegios. Era lo más sensato en ese momento.

«Bajé la persiana y me fui con una mezcla de sentimientos que estaban entre la incertidumbre, el miedo y la resignación».

¿Tuvo miedo?
Sobre todo, precaución. En la escuela tenemos alumnos de todas las edades. Niñas desde los tres años hasta adultos de más de setenta. Se cruzan en las clases, en los vestuarios, en el baño… Era un riesgo que no debíamos correr. Recuerdo que ese jueves por la tarde mantuve las clases. Primero teníamos iniciación a la danza y vinieron cuatro niñas de veinte que son habitualmente. A continuación, teníamos sevillanas de adultos y las propias alumnas tuvieron la iniciativa de suspender la clase. Así que, me vi a las siete de la tarde sola y envuelta en un silencio sepulcral. Bajé la persiana y me fui con una mezcla de sentimientos que estaban entre la incertidumbre, el miedo y la resignación, pero era lo que tenía que hacer.

¿Cómo recibieron la noticia sus alumnos?
Los alumnos, en general, recibieron bien la noticia. Entendían que no era una decisión personal, sino que nos obligaban a cerrar las tristes circunstancias que, entonces, no habían hecho más que empezar.

¿Y su equipo de profesoras?
Para las profesoras ha sido un mazazo. Vienen a la escuela uno o dos días por semana. Trabajan en varias escuelas y, esto, ha significado quedarse sin trabajo de un día para otro y sin saber si vamos a poder retomar el curso. Además, afrontar la frustración de ver cómo todo el trabajo del curso, la ilusión en las coreografías creadas para el festival y todo lo que habían preparado se esfuma en un momento.

¿Ha ofrecido alguna alternativa mientras dure el confinamiento?
La principal alternativa a las clases presenciales es el hecho de mantener el contacto con los alumnos. Tenía que hacer más llevadera esta situación tanto a los más peques como a los más mayores que, además, están especialmente asustados. Les propuse hacer clases de danza por Skype. Y las hago gratuitas, primero porque mi intención es simplemente acompañarlos en este periodo tan duro y, segundo, porque la danza es muy difícil trabajarla desde la distancia.

¿Por qué? Si todo el mundo baila ahora a través de la pantalla…
Una cosa es bailar y otra hacer una clase de danza. Es muy importante vigilar la colocación del cuerpo, la postura, porque si no se hace correctamente puede haber lesiones graves. Por eso, las clases que doy online son muy livianas, muy sencillas y no suponen ningún riesgo. También he grabado varios vídeos de diferentes modalidades para “Cultura Confitada”, una iniciativa de los equipamientos culturales de Horta-Guinardó que día a día ofrece una programación cultural online con la colaboración de las entidades y escuelas del entorno.

¿Han tenido buena acogida estas propuestas?
La verdad es que se están implicando en todas las propuestas que les hago para mantenerlos activos y unidos. Desde grabar vídeos cantando y bailando la canción “Resistiré”, hasta retos que nos proponemos por el grupo de WhatsApp después de darnos los buenos días o abrazos virtuales. Al final, la danza es una excusa para mostrarnos el cariño que nos tenemos los unos a los otros y apoyarnos en estos momentos tan difíciles. Las profesoras también están en contacto con sus alumnos y les envían material para que ensayen en casa.

«La danza es una excusa para mostrarnos el cariño que nos tenemos los unos a los otros y apoyarnos en estos momentos tan difíciles».

¿Qué es lo que más le preocupa en este momento?
En este momento lo que más me preocupa es la salud de algunos de mis alumnos o de sus familiares. Tenemos varios casos que están o han estado ingresados, y algunos siguen en estado grave… Deseo que todos salgan de esta y se recuperen muy pronto. También, cómo no, me preocupa mi escuela. Durante veintiocho años hemos trabajado como hormiguitas, poco a poco, trabajando duro día tras día y, de repente, tenemos que cerrar sin saber hasta cuándo.

Pero tiene que seguir haciendo frente a muchos de los gastos de la escuela… ¿Ha encontrado apoyo en este sentido?
Salvo algún papá que ha reclamado la devolución de medio mes de marzo o algunos que directamente no lo han abonado, en general la mayoría de los alumnos han empatizado y se han puesto en el lugar de lo que supone mantener una pequeña escuela de barrio. Muchos han abonado las cuotas de abril y, algunos, hasta han querido pagar todo el curso por adelantado. Para un autónomo las ayudas son escasas, hay que seguir pagando los gastos y, para nosotros, el curso ya se ha acabado y no tendremos más ingresos.

«Me da mucho miedo imaginarme las caras de mis alumnos diferentes, tristes, que no vengan con la alegría y las risas que inundaban cada tarde mi escuela».

¿Cree que no podrán retomar el curso?
Lo veo complicado, y si lo hacemos, será en junio o julio. Para entonces solo podremos ofrecer cursillos y tampoco sé cómo estará el ánimo de los alumnos o la economía de muchas familias para poderse permitir unas clases de baile. Seguiremos con miedo al contagio y me da mucho miedo imaginarme las caras de mis alumnos diferentes, tristes, que no vengan con la alegría y las risas que inundaban cada tarde mi escuela.

¿Qué es lo primero que hará en cuanto esto acabe?
Lo primero será ir a ver a mis padres que, aunque nos vemos por videollamada, es muy duro para ellos estar solos. Han sido unos días de mucho miedo hasta que hemos comprobado que seguían bien y sin síntomas de haberse contagiado. Y, lo segundo, volver a la escuela, levantar la persiana, poner música y empezar de nuevo. Ofrecer cosas interesantes a los alumnos, que todos recuperemos la alegría, que hagamos las cosas que nos gustan, que esto nos haya servido para entender que la vida es lo más importante y que tenemos que disfrutarla. Haremos propuestas que ayuden a superar el trauma vivido estos meses, saldremos de esta y, ¡volveremos a bailar!