Discurso del presidente del Círculo de Cultura, Frank Pebrett | Premio Horta-Guinardó 2018

Bona nit, buenas noches. Gràcies al districte d’Horta-Guinardó per aquest guardó. I a totes les entitats i persones a títol individual que, en algun moment de la nostra trajectòria, ens heu donat suport. I als que no també, perquè tots ens heu ajudat a mantenir-nos ferms en el nostre objectiu de treballar per la cultura en el nostre estimat barri del Carmel i districte d’Horta-Guinardó des de la llibertat i la democràcia que, especialment en un dia com avui, cal tenir molt present.

Aprovechando este momento, les voy a hablar de cuatro personas:

Curro tiene 85 años, lo descubrimos pintando cuadros bajo una uralita improvisada en la terraza de su ático en la calle Luis Mariano Vidal.

Paquita aprendió a leer y escribir leyendo los rótulos de las calles cuando se vino a Barcelona y siempre tuvo inquietud por la poesía.

María Luisa tiene su casa repleta de cuadros que ella misma pinta en un pequeño caballete sobre su máquina de coser.

Pedro lleva años con problemas con el alcohol, y sabemos que detrás de su ruina tiene una vena artística escondida.

Quédense con sus nombres….

Viniendo hacia aquí, bajaba la calle Llobregós, miraba a mi alrededor y me daba cuenta de cómo ha cambiado el barrio del Carmel en estos últimos años. Un barrio hecho a sí mismo donde los únicos protagonistas de su transformación han sido sus propios vecinos con una administración pública siempre intermitente.

En el año 2005, tras el conocido desastre del socavón, fuimos conscientes de que el movimiento asociativo de nuestro barrio necesitaba una regeneración, un nuevo modelo a la altura del siglo XXI, y fue en aquel momento cuando un grupo de vecinos nos decidimos a generar ese cambio y hacerlo a través de la cultura.
Fueron 5 años de gestación hasta que en el año 2010 fundamos el Círculo de Cultura Sinatrahem. Un círculo, que como la propia simbología define, es sinónimo de unión. Unión que siempre hemos reivindicado y reivindicamos entre las entidades del Carmel.

No nos ha temblado el pulso, ni se nos ha herido el ego por compartir nuestro proyecto con decenas de entidades, porque siempre hemos creído que sumando voluntades es como debemos trabajar desde el tercer sector.
En nuestro camino hemos contado con la experiencia de los históricos del barrio, pero siempre desde la generosidad y sin condiciones, una generosidad muy necesaria para conseguir implicar a la gente joven y hacer ese relevo generacional tan necesario en el asociacionismo de hoy.

Desde el Círculo también hemos sido muy críticos con la politización de las entidades. Hemos tenido muy presente que cualquier bandera entorpecería nuestro camino, y que, si teníamos que tener una, sería la del acceso universal a la cultura y la filantropía. Esa es nuestra única bandera y esa es nuestra única garantía.

Hace más de 10 años que creímos que el Carmel merecía un proyecto como el del Círculo de Cultura. Para contribuir a dejar de ser periferia y que nos conozcan por algo más que la droga de los 80 o un socavón. Y para esto, somos los propios vecinos los que tenemos que adquirir el compromiso de dejar a un lado a ese Carmel de tiempos pasados y trabajar por un nuevo Carmel que ya es una realidad.

Que nuestros padres o abuelos que migraron en los 60, hoy son padres y abuelos de arquitectos, médicos, periodistas… y sobre todo, de personas solidarias y comprometidas con su gente. Que los domingos por la mañana, la plaza Pastrana ya no amanece repleta de jeringuillas, amanece llena de vecinos que disfrutan de arte, artesanía, talleres para los niños, música, danza, y hasta un piano de cola de vez en cuando. Que mientras hacemos la compra en el mercado de toda la vida, nos podemos encontrar un coro de gospel, una clase de danza clásica, y mil y una historias que alimentan más que un bistec.

Y es que, señoras, señores, y pese a quien pese, este es el nuevo Carmel.

El premio de hoy es un motivo más para seguir trabajando por esa cultura capaz de hacer convivir en una misma plaza a la sardana, el flamenco, la danza clásica, la copla, el rap, y hacerla accesible a nuestro vecindario que está convirtiendo la cultura en un motivo de encuentro. Y seguir trabajando para que el Carmel forme parte de una vez por todas de esa gran Barcelona que resonó en el mundo entero en la voz de Freddy Mercury y Montserrat Caballé.

Y antes de finalizar les voy a volver a hablar de las personas que mencioné al inicio:

Curro, aquel señor que pintaba cuadros bajo una uralita, pudo exponer sus obras por primera vez en la plaza Pastrana y ser protagonista de la revista del barrio. Fue muy feliz.

Paquita, que aprendió a leer de los rótulos de las calles, hoy tiene 3000 poemas escritos, registrados y publicados en un blog. Es muy feliz cuando la gente lee sus poemas e incluso se los han musicado.

María Luisa descolgó sus cuadros de la pared e hizo su primera exposición pictórica en solitario en la Casa de los Navarros. Fue un sueño hecho realidad que la hizo muy feliz.

Los problemas con el alcohol se llevaron a Pedro en la más absoluta indiferencia y soledad. Y sabíamos que no nos equivocábamos. Descubrimos una libreta llena de poemas manuscritos que hablaban del amor a su barrio del Carmel.

Desde el Círculo de Cultura Sinatrahem seguiremos transformando nuestras calles con cultura. Y continuaremos transformando a nuestra gente con la cultura de nuestras calles.

Una vegada més, gràcies per aquest Premi Horta-Guinardó 2018. Bona nit.